per naixements sense violència / por nacimientos sin violencia/ for childbirth without violence
         per naixements sense violència / por nacimientos sin violencia/ for childbirth without violence    

Las Hormonas

Como comadrona, concentro la mayor parte de mi trabajo en cuidar de las necesidades básicas de la mujer durante el trabajo de parto y el nacimiento, protegiendo su entorno para promover la producción endógena de oxitocina y preservar el equilibrio hormonal del nacimiento.

 

Las hormonas desencadenan y son desencadenadas por estados emocionales que pueden ser transformados en reacciones físicas (Young, 2009), catalizando cambios, adaptación y comportamientos (Uvnäs-Moberg et al, 2005). Cualquier estimulación neocortical del cerebro durante el trabajo de parto provocado por el uso del lenguaje racional, las luces fuertes, el dolor, el hambre, los recuerdos temerosos, la sensación de sentirse observada o juzgada o la presencia de personas desconocidas durante este momento tan íntimo y sexual de la vida reproductiva de la mujer, puede provocar altos niveles de estrés y la necesidad de estar alerta (Odent, 2009; Uvnäs-Moberg et al, 2005). Esto provoca el inicio de la “Cascada del Miedo” (Foureur, 2008) incrementando los niveles de cortisol y catecolaminas en sangre. Estas hormonas antagonistas de la oxitocina son la causa de contracciones uterinas débiles, un trabajo de parto más largo (Foureur, 2008; Alehagen et al, 2005) y un suministro sanguíneo reducido hacia el útero y la placenta que conducen a la hipoxia fetal (déficit de oxígeno en la sangre y los tejidos corporales del bebé) (Talge et al, 2007; Glover and O’Connor, 2006; Van den Bergh et al, 2005). Este ajustado equilibrio hormonal puede ser interrumpido por peligros externos o internos percibidos por la mujer (Hastie and Fahy, 2009), a mi entender, uno de los principales responsables de la seguridad en el parto.

 

La presencia de ansiedad en el parto condiciona a la madre y la hace más propensa a una hiper-reactividad al dolor y hacia sensaciones corporales que se malinterpretan como peligrosas (Brodrick, 2014, Jokic-Begic et al, 2014; Curzik and Jokic-Begic, 2011; Spice et al, 2009; Lang et al, 2006) aumentando el miedo y por lo tanto la producción  de cortisol y catecolamines (Brodrick, 2014).

 

La Oxitocina juega un papel fundamental no sólo en la contractibilidad uterina,sino también en el vínculo y el cuidado del bebé y la lactancia materna (Buckley, 2009; Hastie and Fahy, 2009; Uvnäs-Moberg and Petersson, 2005). Estudios recientes sugieren que los receptores de oxitocina aumentan hacia el final del embarazo para proteger el desarrollo sano del bebé intrauterino y promover el bienestar físico y mental de la madre (Slattery and Neumann, 2008), jugando un papel muy importante no solamente en la fisiología del nacimiento, sino también en sus mecanismos psicológicos y psicosociales (Uvnäs-Moberg and Petersson, 2005).

 

Dada su relación anatómica y fisiológica con las áreas límbicas del cerebro, la oxitocina es considerada un gran mediador y controlador de emociones, respuesta al dolor y comportamientos sociales como el amor, la memoria, la rabia, la agresión y el establecimiento de correlaciones entre experiencias pasadas y presentes (Kightley, 2007; McGaugh, 2004), promoviendo un aumento del umbral del dolor y un descenso de los niveles de ansiedad (Uvnäs-Moberg et al, 2005; Windle et al, 2004; Bale et al, 2001), disminuyendo el miedo, aumentando la confianza, la empatía y la generosidad (Lee et al, 2009; Heinrichs and Domes, 2008; Baumgartner et al, 2008; Kirsch et al, 2005; Huber et al, 2005; Kosfeld et al, 2005; Heinrichs et al, 2003). Por eso la oxitocina incrementa la capacidad humana de entender los sentimientos ajenos (Lee et al, 2009; Zak et al, 2007), algo esencial en la relación entre madre y comadrona.